| "El autismo y el procesamiento auditivo" |
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Andrés es un niño con autismo y para sus padres sus destrezas auditivas son un rompecabezas. Generalmente, Andrés actúa como si fuera sordo: no responde a su nombre, no sigue instrucción alguna y no habla. Sin embargo, se cubre los oídos y grita cuando escucha la máquina de cortar grama, aún cuando el ruido provenga de un lugar lejano y los padres tengan que esforzarse para escucharlo. Le hicieron una evaluación auditiva y el audiólogo diagnosticó que Andrés oye bien. Los padres de Andrés no logran entenderlo, pero saben que algo raro le pasa en los oídos. El autismo refleja claramente un problema severo de procesamiento auditivo. Los niños con autismo tienen dificultad para enfocarse o escuchar la fuente de sonidos que desean procesar y atenuar o ignorar el resto de los sonidos del ambiente, por lo cual lo que escuchan es un ruido amorfo que los aturde. El niño autista no puede protegerse de tanto estímulo auditivo, por lo cual utiliza la estrategia de bloquear todo estímulo auditivo con el resultado funesto de eliminar toda posibilidad de desarrollar un lenguaje adecuado. Por otro lado, cuando a su sistema llega un sonido continuo e intenso, sin variación en frecuencias se le hace muy difícil bloquearlo porque su sistema auditivo no tiene la destreza de protegerse de ese tipo de ruido por lo cual responde en forma exagerada demostrando rasgos de hipersensitividad. El niño autista siente que vive en un mundo sensorial que él no puede regular ni modular. Escuchar es la habilidad de poder, a voluntad, enfocarnos para procesar un sonido o ignorar aquel que no queremos procesar. La destreza de escuchar es vital para el desarrollo de la atención, memoria y comprensión auditiva, las cuales, a su vez son precursoras del lenguaje. Andrés, así como tantos niños autistas alrededor del mundo, necesita mejorar su procesamiento auditivo, sus destrezas de escuchar para poder conectarse con el ambiente de sonidos que los rodea, regular los estímulos sensori-auditivos y desarrollar lenguaje. Aún los niños autistas que han desarrollado cierto nivel de lenguaje muestran los efectos secundarios de su deficiencia en procesamiento auditivo: una voz monótona o habla robótica, la ausencia de auto corrección cuando cometen errores, referirse a si mismo en tercera persona (“el nene quiere”… en vez de “yo quiero…”) mostrando en esto último una falta de conexión consigo mismo. Los problemas de articulación son comunes reflejando, también, su dificultad en discriminación auditiva de lo que escucha de otros y de sí mismo. El utilizar palabras o frases en vez de oraciones completas para comunicarse es típico en autismo, mostrando que a ese mismo nivel (palabra o frase) es que el niño debe estar procesando el lenguaje que logra escuchar. Un programa intensivo de estimulación auditiva es lo que puede rescatarlos de la barrera de protección sensorial típica del autismo. El mismo debe ser intensivo de varias fases y que incluya el elemento más importante: la estimulación del oído con la propia voz del niño. Es sólo esta conexión lo que creará el insumo que necesita para desarrollar lenguaje. Para los 1950 el otorrinolaringólogo, Dr. Alfred Tomatis descubrió lo que se llamaría luego El Efecto Tomatis, en honor a su nombre. El descubrió que la voz sólo produce lo que el oído procesa y a partir de su teoría desarrolló un método ampliamente usado con niños con autismo alrededor del mundo partiendo de la premisa de que si se aumenta el procesamiento auditivo, también mejorarán sus destrezas de comunicación. ¿Y qué le pasará a Andrés? Andrés recibe actualmente múltiples terapias: del habla y lenguaje, ocupacionales y de modificación de conducta, sin embargo, hasta que no se trabaje con su procesamiento auditivo las mismas no lograrán los resultados que se obtendrían si se trabajara primero con el mismo.
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