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La Terapia Tomatis me devolvió a mi hijo Derrotando al autismo: Una historia esperanzadora PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Yeroline Z. Ruiz Olmo   
Sábado 13 de Junio de 2009 18:20

Edwood Joel, nuestro adorado hijo, es evidencia cada día que pasa de la efectividad de la Terapia Tomatis, considerada hoy día como una de las herramientas terapéuticas más poderosas en la lucha contra el autismo.

Al igual que muchos niños con autismo, mi hijo llevó una vida normal hasta los 18 meses de edad, entonces comenzó a retroceder poco a poco y a perder destrezas que ya había adquirido. En agosto del 2005, con 3 años de edad, mi hijo no conversaba, le tenía terror a las personas (adultos y niños), tenía hiperacusia, se agredía y me agredía con cabezazos, en ocasiones era hipo activo, si no se le daba comida no la pedía.

Además, tenía una obsesión con las puertas, debían estar todas cerradas, no reconocía la presencia de su hermana de 10 años y no toleraba que mamá se riera. Tampoco dormía, pues se levantaba gritando histérico en las noches. No toleraba zapatos ni sonidos cotidianos como el del teléfono. Nuestra calidad de vida era pésima, no podíamos salir y tampoco nos podían visitar en nuestro hogar porque él caía en una crisis terrible, completamente aterrorizado. A su corta edad tenía una obsesión con las computadoras. Contaba hasta el 100, sabia el abecedario, todas las figuras geométricas, los colores primarios, secundarios y terciarios, etc. pero no conversaba. No sentía dolor si se caía y no me miraba. En ocasiones lloraba en silencio, sabía que algo le pasaba porque sus lágrimas bajaban por sus mejillas, pero su rostro era inexpresivo, era desesperante no saber porque lloraba y cómo ayudarlo.

Cuando su nueva pediatra nos dio el diagnóstico de autismo me di a la tarea de buscar en el Internet qué podía hacer por mi hijo para ayudarlo y encontré información sobre Tomatis. Comenzó con la terapia de habla y la dieta libre de gluten y caseína en agosto del 2005. En octubre dimos un salto a Tomatis porque nos hacía sentido lo que le leímos. Mi hijo tenía un problema severo de procesamiento y modulación sensorial ya que en todas las pruebas de laboratorio, neurológicas, auditivas y metabólicas salía bien.

Comenzamos la Terapia Tomatis y después de los primeros días el nene comenzó un esfuerzo extraordinario por comunicarse con nosotros hablando y mirándonos. Para la primera semana mi hijo comenzó a hablarme en frases. Hoy día, a tan sólo un año de haber comenzado la Terapia Tomatis, si usted ve a mi hijo jamás imaginará que tiene un diagnóstico de autismo. Con 4 años de edad ya está en un preescolar de corriente regular, comparte con otros niños y hace preguntas sobre todo lo que le rodea, saluda a los adultos, no hace rabietas y habla en oraciones completas, con sentido y propósito. Todas las características que lo definían como un niño autista han desaparecido. Los que lo conocen dicen que hasta la expresión facial le ha cambiado, es el rostro de un niño feliz. Y nosotros disfrutamos ahora de una vida normal llena de muchos amiguitos que lo visitan y juegan con él. Su hermana ahora es parte importante de su vida. Él está atento a todo lo que ella hace y se la pasa queriendo imitarla, besándola y abrazándola. Aunque es un experto en la computadora su interés principal es ir a correr bicicleta al parque con papá y jugar en la acera con sus amiguitos, cantar, bailar e ir a la escuela. Y le fascina hacerle travesuras a su papá y a su hermana. Y para mí ya no hay cabezazos ni gritos, sólo besos, sonrisas y abrazos. ¿Qué más puedo puedo decir? Que Dios me siga bendiciendo dando la oportunidad de compartir la historia de mi hijo con otros padres de niños con autismo para que no pierdan la esperanza.
Última actualización el Martes 30 de Junio de 2009 19:03
 

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